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lunes, 2 de octubre de 2017

EL LENGUAJE DE LA SABIDURIA...II

1.Introduccion

Introducción General a la Sabiduría de la Kabalá
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El Lenguage de la Sabiduría II

El lenguaje de las ramificaciones /sfát haAnafím no se revela al estudioso en su aproximación exterior, ya que se dirige a las causas interiores de la Torá para lo cual es imprescindible el estudio de los códigos propios de la Kabalá. Estos códigos actúan en todas las perspectivas simultáneamente, y cuando logramos incorporarlos, adquirimos la sabiduría para ver las causas y consecuencias interiores de la realidad y la vida.
Los primeros libros que menciona nuestra tradición (de acuerdo al Midrásh y al Talmúd como también a todos los escritos kabalísticos de todas las épocas), aún antes de la entrega de la Torá, son libros netamente de Kabalá como el libro “Raziél haMaláj” cuya existencia supera los 5000 años (Véase ” Midrásh Shojer Tov Bereshít “, ” Meám Loez Bereshít “, ” Sefer haIashar Nóaj “), y también el “Sefer Ietzirá “/ “Libro de la Formación” escrito por Abraham Avinu (“Sefer Yetzirah”, Aryeh Kaplan, Introduction XII).
La Torá escrita / Torá shevijtáv y la oral / Torá shevealpé conforman las leyes objetivas que rigen la Creación, por lo tanto existen aún antes del mundo. Esto es similar a las leyes físicas que el hombre no inventa, sino que descubre.
Nos enseña el Rab Ashlag que en lo espiritual, a diferencia de lo material, el acto de dar y de recibir no son simultáneos.
Cuando alguien me da un objeto yo lo recibo inmediatamente.
En lo espiritual no es necesariamente igual. El dar y el recibir no son simultáneos.Quien enseña una sabiduría no tiene garantía alguna de que ésta sea recibida, sino que el “alumno” tendrá que esforzarse con el fin de aprehenderla.
La Torá nos es entregada, Matán Torá, pero la recepción depende de nuestro esfuerzo. Cada generación, a través de sus Sabios, debe revelar nuevos aspectos de la Torá, ya que la Torá es un proyecto para todas la generaciones.
Abraham, Itzják, Iaacóv, nuestros Patriarcas, como individuos, previo a la consolidación del pueblo de Israel, llegaron a entender los principios generales contenidos en la Torá aún antes de Matán Torá (entrega de la Torá). En cambio, cuando se piensa en todo un pueblo a lo largo de todas las generaciones, necesitamos un sistema educativo integral basado en principios y leyes que abarquen a todos los individuos, la recepción de la Torá / kabalát ha Torá.
La Kabalá nos introduce al conocimiento de cómo recibir todos los grados de la Sabiduría a través de la aplicación de las leyes y códigos contenidos en la Torá, las mitzvót. 
Cuando entendemos y llevamos a cabo las mitzvót en forma conciente, es decir, no solamente en su manifestación exterior sino que también cambiamos nuestra actitud interior, comienza a surgir la verdadera armonía entre las personas. Entonces sí podemos pensar en la verdadera espiritualidad y en la fusión del hombre con elKadósh Barúj Hú. En cambio, hasta no llegar a ese momento aún estamos centrados en nosotros mismos, es decir que no estamos prontos para dar. Sólo cuando podemos dar, es decir extraer de nuestro interior hacia el prójimo y la sociedad, comenzamos a conocer alKadósh Barúj Hú .
El libro del Zóhar nos enseña que el hombre fue creado para realizarse plenamente. Sólo cuando nos relacionamos con la vida en forma completa podemos llegar a percibir el orden en el que cada aspecto de la realidad cumple su función.
De acuerdo a la Torá, el hombre y la mujer deben encauzar todas sus energías positivamente dando así continuidad a la vida(Génesis 1:28). Por dicha razón el ideal judío es la familia, ya que nos brinda el marco propicio para que el hombre y la mujer manifiesten sus instintos, emociones y pensamientos en forma armónica. En familia aprendemos a compartir y a asumir la responsabilidad por nuestros hijos y a entender a nuestros semejantes y a la comunidad.
Nuestra tradición nos enseña que no juzguemos a nadie hasta no estar en su lugar. Cuando damos, comenzamos a comprender a la fuente que sólo da, el Kadósh Barúj Hú. De ello deducimos que el dar y crear armonía entre los hombres requiere una voluntad constante, ya que no es suficiente dar sino que se debe hacer con sabiduría.
Cuando pensamos sólo en recibir en forma egoísta, vemos a todos los hombres como nuestros competidores, en cambio cuando queremos ayudar encontramos en los hombres aliados para nuestro proyecto.
La verdadera construcción en la cual debemos invertir todos nuestros esfuerzos es la de construirnos interiormente.
Hasta que el hombre no sea íntegro en su interior nada de lo que haga perdurará.
La torre de Babel (Génesis 11) es un claro ejemplo.
La Torá nos relata que había una sola lengua en toda la tierra … y los hombres quisieron edificar una torre cuya cúpula llegue al cielo … entonces el Kadósh Barúj Húconfundió su lengua y ya no pudieron entenderse, y cesaron de construir la torre.
Los hombres quisieron expandirse exteriormente sin tomar en cuenta su crecimiento interior. Cuando no maduramos interiormente comprendiendo que el deseo de recibir egoísta lleva a la destrucción, perdemos el lenguaje verdadero, los códigos que nos dan la posibilidad de entender que tanto el bien como el mal nos van a afectar a todos por igual.
Nuestro estudio y el desarrollo de nuestra vida de acuerdo a la Torá y la Kabalá no son algo externo a nosotros. Conforman nuestro SABER y fundamentalmente nuestro SER. A partir de ello nos convertimos en partícipes del “programa de la Creación” que consiste en beneficiar a todas las creaturas infinitamente.
La mitzvá central de toda la Torá es “Amarás al prójimo, a quien está próximo a tí, como a ti mismo”, y hasta que el hombre no comprenda este principio, todas las mitzvótserán incompletas. Amarás al prójimo como a ti mismo es la actitud interior que nos ayuda a no repetir el error de la torre de Babel.
Babel proviene del vocablo hebreo confusión (Bilbul), lo que nos indica que cuando el hombre piensa sólo en sí, es porque está confundido, y no comprende la razón por la cual está en este mundo ni el objetivo de su vida y de la Creación.
Jaim Zukerwar

domingo, 1 de octubre de 2017

El Alma en este Mundo

El Alma en este Mundo

Parábola y enseñanzas jasídicas. Selección extraída del libro “Bajo la Mesa..y Cómo Subir de Allí” por Avraham Greenbaum, © Breslov Research Institute.


¿Qué es el alma? La naturaleza intrínseca del alma en su estado no corporal, está más allá de nuestra comprensión, mientras vivamos en este mundo. El alma se origina más allá de este mundo, mientras que nosotros nos hallamos en él, siendo nuestras mentes y patrones de comprensión también mundanos. Dado que los poderes del alma son disminuidos al entrar a este mundo, no podemos conocer respecto de su naturaleza intrínseca a partir de la manera en la cual ella se nos aparece. Del alma suele decirse que es “eterna,” “espíritu Puro”, etc. Pero sólo nos es posible tener una vaga noción de lo que esos términos realmente significan.
“Lámpara del Señor es el alma del hombre, que escudriña todos los rincones del cuerpo.” (Proverbios 20:27). Como hemos visto, la Divinidad es llamada,, metafóricamente, luz. El alma es llamada “lámpara,” pues es una pequeña chispa de la luz de Dios, “una parte del Dios de arriba” (Job 31:2). En su esencia intrínseca, el alma es parte de Dios: se halla, en última instancia, enraizada en la unidad perfecta de Dios. Pero es voluntad de Dios dar al alma una existencia independiente y separada con la finalidad de probarla y permitirle retomar El, fundiéndose entonces en Su unidad a un nivel más elevado aún. Este es el destino último del alma. Tal como una vela se eleva para unirse con un fuego mayor, así el alma anhela retomar a su Fuente.
Este oscurecido mundo, al cual es enviada el alma, es un “vientre,” un lugar de desarrollo y crecimiento. Es una preparación para el eventual “nacimiento” del alma ámbito espiritual superior. Ambito al que asciende luego de la muerte del cuerpo. Con el fin de proveer las condiciones necesarias para la prueba, este mundo fué creado como un, lugar bien diferente del ámbito espiritual eterno. Y dado que este mundo es físico y temporal, el alma sólo puede habitar en él dentro de un cuerpo físico y temporario, con sus propias, necesidades y deseos. Y ésto es lo que crea las condiciones para el desafío del alma.
Para poder cumplir con su trabajo espiritual, el alma necesita del cuerpo como vehículo para operar en y sobre el, mundo físico y finito. El cuerpo se halla espléndidamente diseñado para cumplir una interminable cantidad de actividades. Usando el cuerpo como un medio, el alma es, capaz de formar estructuras, en el mundo físico, que revelen la Divinidad oculta bajo la superficie. (Así, muchas de las mitzvot prácticas conllevan el uso de objetos físicos, tales como pergamino y cuero en los rollos de la Torá, Tefilin y Mezuzah, o vegetales, como en el caso del Lulav y el Etrog, etc, con el fin de manifestar la soberanía de Dios sobre el mundo). Estas actividades traen Divinidad al alma misma, beneficiándola para cuando deje este mundo y retorne a los ámbitos espirituales superiores. Para cumplir con su misión espiritual en este mundo, el alma debe dominar al cuerpo, usándolo para propósitos Divinos.
Pero el cuerpo es de este mundo, y a los efectos de su supervivencia, tiene variedad de necesidades materiales propias. Es posible satisfacer todas las necesidades reales del cuerpo de una manera pura y santa, y de hecho, el propósito del alma es hacer ésto, como de un medio para manifestar la soberanía de Dios. Pero, satisfacer nuestras necesidades físicas básicas, como alimento, vestimenta, refugio, procreación, etc., conlleva una cantidad de actividades que consumen tiempo, y cantidad de relaciones que pueden distraernos y alejarnos con facilidad de nuestros objetivos espirituales.
Para intensificar aún más el desafío del alma, el cuerpo se presenta como fuente de un conjunto de atracciones materiales y de deseos que van más allá de lo necesario para sobrevivir. Y éstos no sólo le impiden al alma cumplir con su misión, sino que pueden llegar, incluso, a alejarla de ello por completo.
¿Qué comida, y en qué cantidad, es necesaria para una buena nutrición? ¿Cuándo es que el deseo de comer se vuelve excesivo? ¿Cuánto necesitamos dormir y cuánto nos gusta ser perezosos? ¿Hasta dónde el trabajo es en pro de una vida decente y una genuina seguridad, y cuándo se toma una carrera obsesiva detrás de fantasmas? ¿Cuándo el deseo sexual es natural y deseable, y cuándo se vuelve una pasión que desborda la mente y destruye la vida? ¿Hasta que punto una persona debe ser obstinada y hasta dónde la persecución de los propios intereses y legítima autodefensa se transforman en hambre de poder y agresión? Y más y más…
En todas las áreas de la vida material, la frontera entre lo que es necesario y lo excesivo, es muy vaga. El cuerpo por naturaleza, se deja arrastrar más y más, sobrepasando el límite. Las tentaciones materiales del entorno, y nuestra urgencia interior para ir detrás de ellas, oscurecen el “vientre,” es decir este mundo, perturbando sus intrincados pasajes con toda clase de trampas, obstáculos y callejones sin salida. La tarea del alma, la “lámpara de Dios,” es hacer brillar la luz y la sabiduría Divinas en estos pasajes, para distinguir así entre lo que es bueno, necesario y benéfico, de aquello que es excesivo, dañino y maligno.
El Nefesh

Nuestros Sabios enseñan que el alma consiste de tres partes primordiales: neshamá, ruaj, y nefesh. De éstas tres, neshama es la más alta: es la fuente última de todos los poderes de nuestra alma, tal como aparecen en este mundo. Pero ella misma no se manifiesta directamente aquí. Permanece unida a Dios en un plano de puro espíritu. Es el nefesh el que viene a este mundo, residiendo en el cuerpo, y animándolo. El nefesh se conecta con la neshama mediante el ruaj, que es una especie de “canal” espiritual, a través del cual la vitalidad Divina, potencial, fluye desde la neshama hacia el nefesh.
Cada uno de nosotros es un ser separado, independiente, pensante y sensible. No somos objetos, sino sujetos, experimentando y respondiendo al mundo que nos rodea y al rico ámbito interior compuesto por pensamientos, sentimientos, emociones, instintos, impulsos, voliciones y deseos. El sujeto que experimenta todos estos estímulos y que actúa en concordancia, el Yo, el ego, es el nefesh.
El nefesh se manifiesta como la pluralidad de facultades físicas y mentales tal como se nos dan para nuestra vida en este mundo, desde las más espirituales y trascendentes, hasta las, más materiales y mundanas. Es el nefesh quién nos da la sensación de existencia como seres independientes, con varios niveles de conciencia, y de nuestra autopercepción interior, de nuestro cuerpo y de nuestro entorno. El nefesh es la fuente de nuestras facultades de lenguaje, razonamiento, sentimiento, memoria, imaginación y creatividad, y de nuestra habilidad para concebir objetivos, formular planes y ejecutarlos. También es mediante el nefesh que las necesidades de nuestro cuerpo entran a nuestra conciencia en forma de instintos y deseos.
El nefesh no es una entidad estática que nos alimenta de impulsos y respuestas preprogramados. Nuestras facultades no están del todo desarrolladas al nacer, y no permanecen estáticas a lo largo de nuestras vidas. Quizás sea mejor caracterizar al nefesh como potencial. Potencial que podemos actualizar en mayor o menor medida y en variedad de diferentes direcciones, a lo largo de nuestras vidas. La manera específica en que nos actualicemos, depende de muchos factores diferentes, incluyendo el cuerpo físico y los poderes innatos de los que estamos dotados; del ámbito material, familiar, social y cultural, en los cuales hemos crecido y vivido; de la variedad de influencias a las que hemos estado expuestos, a nuestras experiencias de vida, y a todas las diferentes elecciones que hemos realizado a lo largo de nuestras vidas.
Así, pues, nuestra facultad más importante es la habilidad de concebir objetivos y perseguirlos a través del accionar adecuado. De esta forma actualizamos nuestro potencial. El mundo que nos rodea presenta toda clase de opciones, posibilidades, sugerencias e imperativos, a los cuales respondemos de manera única e individual, desarrollando nuestros propios objetivos y ambiciones, desde los más simples e inmediatos, hasta los más grandiosos y elevados. La mayor parte de la vida mental está compuesta de una sucesión de pensamientos, imágenes, proyectos, planes, esperanzas y sueños de cosas que nos gustaría alcanzar, que van desde lo práctico y posible hasta lo salvajemente fantástico.
Todo objetivo comienza como una idea que puede ser clara o nebulosa. Para realizar un objetivo particular, la idea que está detrás de él debe ser desarrollada y trabajada. La fuerza motriz que produce la transición de lo potencial a lo actual es la voluntad. A través del poder de la voluntad, tomamos el control de las facultades necesarias para obtener lo que queremos: facultades como el razonamiento, la emoción, la ejecución física, etc. ¿Cuál es nuestro objetivo, y cuán motivados estamos para alcanzarlo? ¿Cuánto queremos lo que queremos? ¿Lo anhelamos suficientemente como para realizarlo? La voluntad es la verdadera esencia del nefesh.
La Batalla de Las Voluntades

Si tuviéramos una mente unitaria, podríamos alcanzar nuestros objetivos sin lucha interior. Pero no es así. Uno desea estar en forma y sano, pero le gusta comer todos los alimentos incorrectos. Se desea estudiar, pero se está cansado y se prefiere reposar, o leer el diario o una novela. Uno querría ahorrar dinero para algo importante, pero no puede resistir el atractivo de un buen precio o de un pequeño lujo. Uno quiere ser caritativo y bueno, pero termina siendo egoísta e irascible. Y así.
El desafío que nos enfrenta en este mundo emana de nuestra falta de unidad mental. Cuánto más desarrollamos el lado espiritual del nefesh, más recibimos de la neshama, permitiéndonos así, elevamos a niveles de Divinidad cada vez más altos. Pero a cada paso del camino nos tentamos con distracciones materiales, y a veces las cosas que queremos se contraponen entre sí, y nos encontramos arrastrados hacia diferentes direcciones.
Aunque sintamos que todos estos deseos y contradicciones provienen de nuestro interior, que todos ellos parecen igualmente -nuestros- es importante comprender que provienen de dos polos del nefesh, fundamentalmente opuestos. La mayoría de la gente se ve a sí misma como una unidad, el Yo. Pero, de hecho, el nefesh es de naturaleza dual. El nefesh es la interfase de dos planos opuestos de nuestro ser.
A través del nefesh, el alma superior se esfuerza en seguir las oportunidades espirituales del mundo que nos rodea, practicando las mitzvot. La neshama busca dirigir las diversas facultades del nefesh, intelectuales, emocionales y físicas, para cumplir así con su misión. Por otro lado, las atracciones materiales del mundo circundante excitan al yo inferior, el que se esfuerza entonces por dirigir esas mismas facultades en persecución y gratificación de sus deseos.
Así entonces, se pueden distinguir dos fuentes distintas en el origen de la voluntad del nefesh: una, que lleva hacia las aspiraciones y objetivos espirituales, y que deriva de la neshama, y la otra que arrastra hacia la satisfacción material y el placer, y que está enraizada en el cuerpo. La literatura de la Torá se refiere a veces a cada uno de estos polos con la palabra nefesh, o alma en sí misma, siendo respectivamente: el Alma Divina y el Alma Animal. Comúnmente se las llama el Ietzer HaTov y el Ietzer HaRa, es decir la Buena y la Mala inclinación. En nuestra historia se hallan simbolizadas por el Príncipe real y el inflado yo-Pavo que lo ha dominado.
La palabra Ietzer deriva de la raíz Hebrea iatzar, que significa formar o construir. La formación a la que hace referencia es la del yo actualizado, la persona que uno deviene a través de las acciones que elige. La formación comienza con la concepción, el pensamiento y la motivación. El Ietzer es la, fuente de los pensamientos, sentimientos e impulso, orientados en una dirección particular. El Ietzer HaTov es la fuente de aquellos impulsos dirigidos hacia el Bien, en el sentido absoluto del término, aquel bien que es verdaderamente Divino y que se halla en concordancia con nuestro objetivo último. El Ietzer HaRa es el origen de todas nuestras urgencias por aquellas cosas que nos arrastran lejos de nuestro objetivo último, desde los deseos físicos más crudos, hasta las delicias más sofisticadas del mundo social y cultural.
Aunque en su raíz ambos Ietzer son opuestos, mientras el alma está unida al cuerpo, estos dos polos del nefesh se hallan entremezclados en una unidad indiferenciada. Ambos hablan dentro nuestro con el pronombre “Yo.” En general experimentamos el fluir de la conciencia como un tejido continuo y unitario, pero, de hecho, todos nuestros pensamientos, sentimientos, impulsos y reacciones, derivan de uno de los dos lados separados del nefesh, tal como se desarrollan en el curso de nuestras vidas. Son la fuente del yo, y el origen de los múltiples y conflictivos pensamientos, sentimientos, impulsos y aspiraciones, todos “nuestros.” Las Almas Divina y Animal hablan, ambas, dentro nuestro con nuestra propia voz interior, dialogando, argumentando, luchando…-Yo pienso ésto…” “pero siento que…… “Debería hacer ésto…” “pero quiero hacer aquello…,” etc.
Los dos Ietzer son nuestro yo potencial, el superior y el inferior. Cuál de ellos seremos, depende de cómo respondamos a sus diferentes impulsos. Una idea, sentimiento o impulso llega a la mente: ¿debemos quedarnos con ella, desarrollarla y dejar que nos dirija, hasta que terminemos actuando de acuerdo a ella? ¿O debemos ignorarla, dejarla pasar, rechazarla o inclusive eliminarla a la fuerza? Cada decisión que tomamos tiene un efecto en el equilibrio entre los dos Ietzer, y sobre el curso que tomará en el futuro la lucha entre ellos. Y la persona que devenimos será un compuesto de todas las elecciones que hagamos durante nuestras vidas


La Paradoja de la Creación

La Paradoja de la Creación

Parábola y enseñanzas jasídicas. Selección extraída del libro “Bajo la Mesa..y Cómo Subir de Allí” por Avraham Greenbaum, © Breslov Research Institute.

El Cuento del Príncipe-Pavo 
Una vez, el hijo del rey se volvió loco. Pensaba que era un pavo. Se sentía compelido a sentarse bajo la mesa, desnudo, y a hurgar entre las migajas de pan y huesos, tal como un pavo. Ningún médico podía hacer nada para ayudarlo, o curarlo, abandonando la tarea desesperanzados. El rey estaba muy triste…
Hasta que llegó un Hombre Sabio y dijo: “Yo puedo curarlo.”
¿Y qué es lo que hizo el Hombre Sabio?, Se quitó todas sus ropas, y se sentó, desnudo, bajo la mesa, junto al hijo del rey, hurgando también migajas y huesos.
El Príncipe le preguntó: ¿”Quién eres, y que estás haciendo aquí?”
¿”Y que es lo que tu estás haciendo aquí ?”
respondió.
“Soy un pavo,” dijo el Príncipe.
“Bueno, yo también soy un pavo,” dijo el Hombre Sabio.
Y los dos estuvieron allí, sentados, uno junto al otro, durante algún tiempo, hasta que acostumbraron a verse.
Entonces el Hombre Sabio hizo una señal y le arrojaron camisas. El Hombre Sabio-Pavo le dijo al hijo del rey: ¿”Tú crees que un pavo no puede usar una camisa? Se puede usar una camisa y seguir siendo un pavo.” Los dos, entonces, se vistieron con las camisas.
Luego de un tiempo, dió otra señal y les arrojaron unos pantalones. Nuevamente el Hombre Sabio dijo: ¿”Tú crees que si usas pantalones dejarás de ser un pavo?” Y se pusieron los pantalones.
Y de esta manera, una a una, se fueron vistiendo con el resto de las prendas.
Luego, el Hombre Sabio dio una señal, y les bajaron comida humana desde la mesa. El Hombre Sabio le dijo al Príncipe: ¿”Crees que comiendo buena comida no serás más un pavo? Puedes comer esta comida y seguir siendo un pavo.” Y comieron.
Entonces le dijo: ¿”Tú crees que un pavo tiene que sentarse debajo de la mesa? Puedes ser un pavo y sentarte arriba, a la mesa.”
Y así fue como el Hombre Sabio trató con el Príncipe, hasta que al final lo curó completamente.
(Rebe Najmán de Breslov)

Bajo la Mesa

¡”;Pobre de los hijos que se encuentran exiliados de la mesa de su Padre!”
(Berajot 3a)
El Príncipe se encuentra allí, desnudo, bajo la mesa. Sus ropas están desparramadas a su alrededor. Si no se viste con ellas, no podrá sentarse a la mesa junto con su padre. Pero el Príncipe no se mueve. Por lo que a él respecta, no es un Príncipe. Es un Pavo. Ni siquiera reconoce esas finas y delicadas vestimentas. Y de hecho no tienen relación alguna con él. ¿Qué interés podrían tener para un Pavo, si no son comestibles! Mucho más llamativas e interesantes son las migajas y los huesos.
¿Un cuento gracioso? ¿Extraño? ¿Trágico? ¿Absurdo? ¿Qué es lo que significa? ¿Por qué un Pavo? ¿Por qué desnudo? ¿Qué son las migajas y los huesos? ¿Y por qué, de todos los lugares posibles, está debajo de la mesa?
Orden versus Sin Sentido
El sentarse a la mesa es mucho más que el acto físico de comer. Hay una cultura entera detrás: la manera en que está puesta la mesa, el orden de servir los platos, las conductas y conversaciones. El comer en la mesa es simbólico de orden.Y ésto es especialmente verdadero en la corte real, cuando el rey participa del banquete ceremonial con sus íntimos, sus oficiales y con huéspedes distinguidos, y cuando “todo dice “Gloria” (salmos 29:9): el espléndido comedor con sus brillantes candelabros, las hermosas sillas y las mesas suntuosamente servidas; los cortesanos vestidos con las ropas adecuadas e insignias; cada uno sentado en su lugar en el orden estricto de las jerarquías; etiqueta, decoro y una nube de atareados sirvientes.
En el centro de todo se sienta el rey, con la mesa real delante de él. Y está el Príncipe, acurrucado, debajo, hurgando entre migajas y huesos.
El Príncipe nada percibe del orden y del esplendor que lo rodean. ¡Todo lo que ve es un mundo sin orden, un mundo de Pavo! Desde allí abajo todo se ve de una manera totalmente diferente a como se vería desde un punto de vista normal. La hermosa y espesa tela del mantel que cae por todos los lados de la mesa obstruye la mayor parte de la luz que proviene del comedor, haciendo de ese lugar un ámbito penumbroso y lóbrego. Y espiando hacia el mundo de fuera del mantel, todo lo que el Príncipe alcanza a ver es la parte inferior de las cosas: piernas y no rostros.
Desde su actual punto de vista, sólo las migajas y los huesos tienen sentido. Y convencido de que es un Pavo, el Príncipe considera que todo aquello que ve es el mundo-Pavo tal cual debería ser. ¿Qué motivo habría para pensar que esas, extrañas formas que lo rodean son solamente la parte inferior de algo mucho más grande, de un mundo al cual está mirando desde el peor ángulo posible?
Dada la manera azarosa en que caen las migajas y huesos, ¿por qué debería pensar que alguien, en su solitario mundo, se ocupa de él? ¿Cómo podría saber que su padre, el rey, está detrás de él, preocupado, y pendiente de cada uno de sus movimientos, esperando el mínimo gesto de recuperación? y efectivamente, el rey ha dispuesto instrucciones especiales para que sus camareros deslicen bajo la mesa, de manera subrepticia, una cantidad de nutritiva comida, evitando así que el pobre niño fallezca de hambre. Porque de hecho, los invitados reales son normalmente, lo suficientemente corteses como para no dejar caer la mitad de su comida al suelo.
Pero en cuanto al Príncipe respecta, él es un Pavo, en un mundo-Pavo, y no existen ni rey ni corte. Nadie se ocupa de nadie, y nada está bajo el control de nadie. No hay gobierno, ni providencia ni orden. Todo es azar. Y aquí debajo está todo lo que existe. Nada más tiene sentido. Este es todo el universo.
Pero el pequeño mundo de debajo de la mesa se encuentra, realmente, en el palacio del rey. Y las maderas de la mesa que constituyen el cielo, las patas talladas que lo mantienen, el mantel que marca sus limites, los pies de los cortesanos que cierran por todos lados, el suelo sobre el que se apoya todo, e incluso los trozos de comida de los que se alimenta el Príncipe, todo ello es parte integral de la corte del rey. Sin embargo, a los ojos del Príncipe, esto no parece estar en el interior de un gran palacio. A sus ojos, el, mundo que lo rodea es un mundo separado e independiente. Se encuentra en el exterior, afuera, es un mundo-Pavo.
La Paradoja de la Creación
El interior parece ser el exterior, y sin embargo, el exterior es realmente el interior. La ubicación del Príncipe-Pavo debajo de la mesa es una metáfora de nuestra situación en este Mundo: el mundo en el cual vivimos nuestros ciento veinte años, el mundo que podemos ver, sentir, oír, olfatear y gustar, con toda clase de formas minerales, vegetales, animales y humanas; con los cielos y los planetas, las estrellas y los cuerpos celestes, y el espacio exterior que se extiende quién sabe hasta donde.
Desde nuestro punto de vista, el mundo sensible y material puede parecer un ámbito independiente y autosustentado. Es imposible comprobar, con indiscutible evidencia, la existencia de un poder superior controlando o influenciando los sucesos. El universo parece funcionar de acuerdo a sus propias reglas: las leyes de la naturaleza, la probabilidad, etc. Nosotros mismos nos damos cuenta que nuestra existencia se halla determinada, en gran parte, por circunstancias que se encuentran más allá de nuestro control: nuestra naturaleza biológica, o la educación y el entorno, etc. Y sin embargo, por otro lado, en muchas áreas tenemos completa libertad de actuar tal como queramos. Cuando deseamos levantar una mano, lo hacemos. Nos sentimos seres independientes y autónomos.
Pero la Torá nos enseña: “En el comienzo creó Dios…;” (Génesis 1:1), que este mundo no es independiente, auto-sustentado. El mundo material que experimentamos a través de nuestros cinco sentidos dista mucho de ser la suma total de todo lo que existe. En realidad, es un mundo creados el más bajo de un sistema interconectado de mundos-sobre-mundos, que en su conjunto conforman la creación. Son el reino de Dios. El los creó a todos.
La paradoja de la creación es que nada existe sin Dios, y sin embargo Dios trajo a la existencia un ámbito que aparenta existir de manera independiente. ¿Por qué?
Un Mundo de Elecciones
Nuestros Sabios explicaron que Dios es intrínsecamente bueno. La esencia del bien es hacer el bien a otros. Y en conformidad con esto, el propósito de Dios en la creación fué el traer a la existencia criaturas que fuesen los recipientes de Su bondad.
Ya que Dios es el único y verdadero bien, Su propósito sólo podía lograrse entregando Su propio y perfecto bien a Sus criaturas. Así, conformó a la creación de manera tal de darle a las criaturas la oportunidad de unirse lo más completamente posible a Dios Mismo, al verdadero bien. Aunque los seres creados son incapaces, de obtener la perfección de Dios, pueden al menos tener una parte en ella mediante el apego a El, con todos los niveles de su ser. Y el hombre fué el ser creado como recipiente de este bien.
Dios podría haber otorgado al hombre Su bondad como un regalo. Pero, para lograr un disfrute pleno del bien, el receptor debe ganarlo. En otras palabras, debe trabajar para obtener la perfección por sí mismo, y no recibirla como un regalo gratuito. Así, entonces, la creación del hombre trajo involucrada la creación de un sistema en el cual el hombre pudiera ganar su conexión con Dios por su libre voluntad y mediante sus propios esfuerzos.
Y ésto se logró construyendo un ámbito que contenía abundantes oportunidades para buscar la perfección Divina, conjuntamente con otras que desmerecían esa búsqueda. El hombre es colocado en este ámbito para trabajar, durante un tiempo determinado. Al luchar por unirse a la Bondad, buscando la perfección, y evitando cualquier cosa que lo aleje de ello, el hombre gana su cercanía a Dios, a través de sus propios esfuerzos. Puede entonces disfrutar del placer del bien de Dios en el siguiente período de recompensa.
La Divinidad es intrínsicamente buena y todo aquello que lo aleje a uno de Ella es malo, y por lo tanto indeseable. Pero si ésto fuese absolutamente evidente para el hombre, no habría desafio. Sería obvio que el único objetivo valedero es la Divinidad. Para activar este desafío, fue necesario que la verdadera bondad de Dios se le ocultara al hombre, al tiempo, que el mal tuviera una atracción propia, haciéndolo objeto de una posible elección. Dios es todopoderoso, y por lo tanto capaz de crear el mal, y hacerlo aparecer atractivo.
Y de esta manera trajo Dios a la existencia un mundo que nos ofrece abundantes posibilidades para buscar una conexión más cercana con Dios, unirse al mal y separarse de El. Se nos ha dado libertad de elección. Aunque de hecho Dios está en todos lados, este mundo está diseñado como para ocultar la Divinidad. Superficialmente, las atracciones del mal pueden parecer tan fuertes como aquellas del bien. Nuestra tarea en este mundo es el revelar las posibilidades Divinas que se encuentran presentes, aprendiendo a distinguir entre el bien y el mal: debemos rechazar el mal y aferramos al bien, para incorporar Divinidad en nuestras propias almas. Esta misma tarea nos hace sentir a Dios, y cuando acabe nuestro tiempo prescripto en este mundo, continuaremos disfrutando de los resultados de nuestro esfuerzo en el Mundo que Vendrá.
En la parábola del Príncipe-Pavo, Éste Mundo está representado por el penumbroso ámbito de debajo de la mesa, donde está sentado el Príncipe. Aunque su pequeño mundo es parte integrante de la corte, para el Príncipe parece ser completamente independiente y separado. Y ésto se debe a que su visión de la corte se halla casi completamente bloqueada por el mantel. Inclusive las patas de la mesa, las piernas y aquellas otras formas que son visibles desde su inusual perspectiva, tienen un aspecto tan extraño que se toman incomprensibles. De igual manera, toda la creación es el reino de Dios. Este Mundo es parte integrante de él, y la Divinidad está en todos lados. Pero aquí, en Este Mundo, nuestra visión se halla distorsionada. Pues para traerlo a la existencia, Dios tuvo que ocultarse, velo tras velo, tapando la luz y creando así las condiciones para la prueba del hombre.
Las vestimentas del Príncipe se hallan desparramadas por todos lados. Si sólo pudiera ponérselas, formaría parte de la corte y disfrutaría de todos los privilegios y placeres que le corresponden por derecho. De igual manera, Este Mundo está lleno de oportunidades para elevamos hacia una conexión con Dios, si sólo pudiésemos reconocerlas y dedicamos a ellas. Pero, tal como para el Príncipe-Pavo, hurgar entre migajas y huesos es lo más relevante y satisfactorio, así estamos nosotros preparados para sentirnos interesados e involucrados en la gran cantidad de alternativas poderosamente atractivas que nos rodean.